Eugenio Miranda “El Alacrán” El grito de lares fue un evento del cual no pude participar directamente, por el hecho que estoy metido en una prisión y dado pena de muerto por mis actos “criminales”. Antes de estar detrás de estas barras de acero era un Jornalero trabajando bajo el régimen de la libreta. Trabajaba largo y duro para ganarme una maldita tarjeta para poder comprar alimentos para sobrevivir, gracias a dios que no tengo familia que mantener como otros compañeros que a mi lado sudaban y pasaban el mismo esfuerzo para darle de comer a sus Niños, esposas, madres y padres. Me dolía ver toda esa gente a mí alrededor trabajando hasta el más no poder para que un ricachón se vuelva aun más rico. He visto tantos desprecios contra nosotros, como nos quitan el derecho de educación, como nos hacen trabajar como si fuéramos fichas de un juego de mesa, con dinero que no vale nada afuera del trabajo del castigo. Un día se me cayeron una ramas pesadas que sacábamos del huerto y el maldito jefe de el mismo me entro a latigazos. Estos hombres peninsulares, estos aristócratas inmundos que me repugnan me hirieron toda la espalda y me dejaron tirado ahí como si fuera un perro con rabia. Me fui hartando de esta injusticia de este destino creado por los malditos hasta que un día deje caer los desperdicios de unas herramientas mohosas y me asegure que nadie me viera, y cuando vino la rata española le clave el pico con cual trabajaba diariamente en el cuello y cayó en el piso gritando. Al principio me sentí muy culpable y llore ante el cadáver de ese animal, pero poco a poco me sentí mejor y lleve el cadáver hacia el rio más cercano cual era el rio la plata y tire el cadáver en la corriente del rio. Día a día fui encontrando maneras nuevas de asesinar a estos cretinos, en sus cuartos, en la noche, por el día en lugares muy solitarios so volvió mi más grande obsesión. Por mis actos de sangre fría me volví muy notorios por el nombre “El Alacrán” ya que al igual que este pequeño arácnido yo agredía a estos cerdos muy silenciosamente y desde las sombras. Un día hice un pequeño error que me costo la libertad, El nombre era Andrés Vázquez, un gordo blanco con cachetes colorados que era el peor de lo peor el mandaba a tortura a los jornaleros de maneras horribles. Yo tome la libertad de eliminarlo una vez y por todas. Cuando sus guardas espaldas se retiraron una noche muy oscura sin luna se veía como la perfecta oportunidad para terminar al individuo, la arma que escogí esta vez era un poco diferente, era un veneno muy letal que hace a la persona gritar por largas horas antes de morir, de origen africano un labrador me lo vendió por un buen precio. Cuando se acostó y se durmió profundamente le eche varias gotas y a los 3 minutos chillo fuertemente y le puse la mano en la boca para que no me encontraran pero ya era muy tarde había un guarda espalda que no vi en el baño y me agarro, por lo menos el Andrés quedo bien muerto. Desde estas rejas de gran injusticia miro hacia fuera, mi ideal manifestado en el grito de lares y sé que al caminar hacia mi pena de muerte inevitable sé que hay gente que al igual que yo se cansaron y hacen algo al respecto y aunque el grito de lares falle falta mucho tiempo para que se acabe la rebelión contra lo corrupto. Las últimas palabras que dije fue Arriba Puerto Ricans!!!!
El grito de lares fue un evento del cual no pude participar directamente, por el hecho que estoy metido en una prisión y dado pena de muerto por mis actos “criminales”. Antes de estar detrás de estas barras de acero era un Jornalero trabajando bajo el régimen de la libreta. Trabajaba largo y duro para ganarme una maldita tarjeta para poder comprar alimentos para sobrevivir, gracias a dios que no tengo familia que mantener como otros compañeros que a mi lado sudaban y pasaban el mismo esfuerzo para darle de comer a sus Niños, esposas, madres y padres. Me dolía ver toda esa gente a mí alrededor trabajando hasta el más no poder para que un ricachón se vuelva aun más rico. He visto tantos desprecios contra nosotros, como nos quitan el derecho de educación, como nos hacen trabajar como si fuéramos fichas de un juego de mesa, con dinero que no vale nada afuera del trabajo del castigo. Un día se me cayeron una ramas pesadas que sacábamos del huerto y el maldito jefe de el mismo me entro a latigazos. Estos hombres peninsulares, estos aristócratas inmundos que me repugnan me hirieron toda la espalda y me dejaron tirado ahí como si fuera un perro con rabia. Me fui hartando de esta injusticia de este destino creado por los malditos hasta que un día deje caer los desperdicios de unas herramientas mohosas y me asegure que nadie me viera, y cuando vino la rata española le clave el pico con cual trabajaba diariamente en el cuello y cayó en el piso gritando. Al principio me sentí muy culpable y llore ante el cadáver de ese animal, pero poco a poco me sentí mejor y lleve el cadáver hacia el rio más cercano cual era el rio la plata y tire el cadáver en la corriente del rio. Día a día fui encontrando maneras nuevas de asesinar a estos cretinos, en sus cuartos, en la noche, por el día en lugares muy solitarios so volvió mi más grande obsesión.
Por mis actos de sangre fría me volví muy notorios por el nombre “El Alacrán” ya que al igual que este pequeño arácnido yo agredía a estos cerdos muy silenciosamente y desde las sombras. Un día hice un pequeño error que me costo la libertad, El nombre era Andrés Vázquez, un gordo blanco con cachetes colorados que era el peor de lo peor el mandaba a tortura a los jornaleros de maneras horribles. Yo tome la libertad de eliminarlo una vez y por todas. Cuando sus guardas espaldas se retiraron una noche muy oscura sin luna se veía como la perfecta oportunidad para terminar al individuo, la arma que escogí esta vez era un poco diferente, era un veneno muy letal que hace a la persona gritar por largas horas antes de morir, de origen africano un labrador me lo vendió por un buen precio. Cuando se acostó y se durmió profundamente le eche varias gotas y a los 3 minutos chillo fuertemente y le puse la mano en la boca para que no me encontraran pero ya era muy tarde había un guarda espalda que no vi en el baño y me agarro, por lo menos el Andrés quedo bien muerto.
Desde estas rejas de gran injusticia miro hacia fuera, mi ideal manifestado en el grito de lares y sé que al caminar hacia mi pena de muerte inevitable sé que hay gente que al igual que yo se cansaron y hacen algo al respecto y aunque el grito de lares falle falta mucho tiempo para que se acabe la rebelión contra lo corrupto. Las últimas palabras que dije fue Arriba Puerto Ricans!!!!