Libreta del Jornalero Eugenio Rodríguez
por: Alexandra Garcia Chico
Mi vida acaba el 23 de septiembre del año 1868. Ese día morí entre las llamas que ayudaron a levantar la voz de un pueblo desesperado por ser libertados del Régimen de la Libreta. Yo soy parte de este régimen, no porque deseaba ser parte, al contrario yo odiaba lo que mi trabajo implicaba. Lo odiaba porque yo guardaba las mentiras que los patronos escribían de sus empleados. Las escribían porque sabìan que los jornaleros no podrian corroborar la informaciòn. No solo eso, yo ayudaba a esclavizar a los campesinos de Puerto Rico. Este tedioso Régimen comenzo en el año 1849. Fue el resultado a la dificultes de importar esclavos a la isla, ya que España había firmado un tratado con Inglaterra que abolía el trafico de esclavos. Los hacendados se dieron cuenta que les hacia falta obreros para sus haciendas. Estos comenzaron a pedirle al gobierno que crease un sistema donde los campesinos que no tuviesen cuatro cuerdas de terreno o màs, estuviesen entre las edades de dieciséis a sesenta años y no tuviesen una profesiòn, tuviesen que trabajar forzosamente para los hacendados. Gracias a estos pedidos el Sistema del Jornalero fue creado. Cada jornalero deberìa llevar siempre consigo una libreta donde su patrono anotaba todo lo que le incumbía al jornalero, entiéndase comportamiento, salario, deuda de la Tienda de Raya y desempeño en el trabajo. La Tienda de Raya era la única tienda donde los jornaleros podian hacer sus compras. Estas que incluian comida, ropa y utensilios para el hogar. Estas tiendas le pertenecían a los hacendados y ellos tomaban esto como una oportunidad para endeudar a sus trabajadores de tal forma que trabajaran para ellos hasta el día de su muerte. Los jornaleros no eran pagados con monedas, sino con fichas que solo podían ser redimidas en la Tienda de Raya de las respectivas haciendas donde trabajaban. En estas tiendas los hacendados inflaban los precios de los artículos de forma que todas las fichas que el jornalero se ganara en, por ejemplo un mes las tuviera que gastar en uno o dos artículos en dicha tienda. Continuamos en el día que morì. Ese día se unieron todos los separatistas liberales con todos aquellos que no soportaban el tedioso Régimen de la Libreta en la Plaza pública de Lares y fue allí donde comenzó la búsqueda de una revolución. La manifestación que me llevó a mi a la muerte fue cuando los jornaleros decidieron dejarle saber al gobierno que no iban a soportar el Sistema del Jornalero ni un día más. Cada jornalero que se había unido a esta rebelebión caminó hasta el centro de la plaza y comenzaron a tirar sus libretas al suelo. Hicieron esto hasta que ya había una montaña de libretas. Mi propio dueño fue el que encendió todas las libretas en fuego. Puedes estar pensando como mi dueño, el señor Eugenio Rodríguez, pudo haberme hecho esto, pero yo estaba muy contenta de que lo hubiese hecho. El señor Eugenio Rodríguez me libertó de tener que guardar todas las mentiras que de él había escrito don Rodolfo Irizarry. ¡Ese 23 de septiembre del 1868 fui libre!
Libreta del Jornalero Eugenio Rodríguez
por: Alexandra Garcia Chico
Mi vida acaba el 23 de septiembre del año 1868. Ese día morí entre las llamas que ayudaron a levantar la voz de un pueblo desesperado por ser libertados del Régimen de la Libreta. Yo soy parte de este régimen, no porque deseaba ser parte, al contrario yo odiaba lo que mi trabajo implicaba. Lo odiaba porque yo guardaba las mentiras que los patronos escribían de sus empleados. Las escribían porque sabìan que los jornaleros no podrian corroborar la informaciòn. No solo eso, yo ayudaba a esclavizar a los campesinos de Puerto Rico.
Este tedioso Régimen comenzo en el año 1849. Fue el resultado a la dificultes de importar esclavos a la isla, ya que España había firmado un tratado con Inglaterra que abolía el trafico de esclavos. Los hacendados se dieron cuenta que les hacia falta obreros para sus haciendas. Estos comenzaron a pedirle al gobierno que crease un sistema donde los campesinos que no tuviesen cuatro cuerdas de terreno o màs, estuviesen entre las edades de dieciséis a sesenta años y no tuviesen una profesiòn, tuviesen que trabajar forzosamente para los hacendados. Gracias a estos pedidos el Sistema del Jornalero fue creado.
Cada jornalero deberìa llevar siempre consigo una libreta donde su patrono anotaba todo lo que le incumbía al jornalero, entiéndase comportamiento, salario, deuda de la Tienda de Raya y desempeño en el trabajo.
La Tienda de Raya era la única tienda donde los jornaleros podian hacer sus compras. Estas que incluian comida, ropa y utensilios para el hogar. Estas tiendas le pertenecían a los hacendados y ellos tomaban esto como una oportunidad para endeudar a sus trabajadores de tal forma que trabajaran para ellos hasta el día de su muerte. Los jornaleros no eran pagados con monedas, sino con fichas que solo podían ser redimidas en la Tienda de Raya de las respectivas haciendas donde trabajaban. En estas tiendas los hacendados inflaban los precios de los artículos de forma que todas las fichas que el jornalero se ganara en, por ejemplo un mes las tuviera que gastar en uno o dos artículos en dicha tienda.
Continuamos en el día que morì. Ese día se unieron todos los separatistas liberales con todos aquellos que no soportaban el tedioso Régimen de la Libreta en la Plaza pública de Lares y fue allí donde comenzó la búsqueda de una revolución. La manifestación que me llevó a mi a la muerte fue cuando los jornaleros decidieron dejarle saber al gobierno que no iban a soportar el Sistema del Jornalero ni un día más. Cada jornalero que se había unido a esta rebelebión caminó hasta el centro de la plaza y comenzaron a tirar sus libretas al suelo. Hicieron esto hasta que ya había una montaña de libretas. Mi propio dueño fue el que encendió todas las libretas en fuego. Puedes estar pensando como mi dueño, el señor Eugenio Rodríguez, pudo haberme hecho esto, pero yo estaba muy contenta de que lo hubiese hecho. El señor Eugenio Rodríguez me libertó de tener que guardar todas las mentiras que de él había escrito don Rodolfo Irizarry. ¡Ese 23 de septiembre del 1868 fui libre!