Aquella noche inolvidable fue y será digna de permanecer en la historia hasta la eternidad. Trató de una revolución puertorriqueña. Lo único que lamento fue el no poder participar directamente de ella, pero lo más que le doy gracias fue el poder ver cada detalle preciso e histórico y el poder contarlo a lo largo de las generaciones. Se trató de una noche el 23 de septiembre del 1868 en el cual el grito retumbó a lo largo de la ciudad. Lo recuerdo todo en el más mínimo detalle. Ese día me comí un insecto y sólo con eso basté ya que el aire se volvía denso de vida y pasión. Sentí mimes en el estómago, ya que las mariposas son muy grandes para mí. Yo siendo chiquita y juguetona de por sí, recuerdo saltar de mata en mata hasta que me caí de como diez pies de altura y me desmayé del impacto. Cuando desperté ya había atardecido y sentí el cabalgar de los caballos y de los jornaleros valientes, luchando por su libertad y la de sus descendientes. Rápidamente me escondí entre las matas para poder sobrevivir. Le resé a Dios: “Viva la raza puertorriqueña y la libertad.” Y así mismo como símbolo patriótico junté a mis colegas y solidariamente cantamos: “Co-quí, co-quí.” y sentimos la armonía poética correr por nuestras venas. Los nuestros gritaron de felicidad y definitivamente sabían que iban por buen camino al rebelarse en contra de la madre tierra España y al unirse de su verdadera patria Puerto Rico. Los rebeldes parecían fieras defendiendo a sus hijos em contra de un enemigo superior, sin embargo, ni por un milisegundo se rendían. Mientras cantábamos observábamos un fuego gigante en el medio de la plaza y cada cierto tiempo echaban unas libretas que se quemaban profusamente; las caras de felicidad radiaban la noche intensa. Esa magnífica noche, cientos de hombres armados sólo con machetes declararon la república de Puerto Rico y formaron un gobierno provisional. Adoptaron como emblema la bandera diseñada por el Dr. Ramón Emeterio Betances y cosida por Mariana Bracetti. Al ver la bandera sentí un alivio eterno porque mi pueblo por fin después de tanto tiempo se pudo decir que logró algo. Me acuerdo como ahora, la bandera era grande y rectangular; de colores rojo encontrados en la parte de abajo de la bandera; blanco en forma de cruz entre el rojo y el azul y también encontrado en forma de estrella entre un cuadro azul; finalmente el azul en la parte de arriba de la bandera. Al paso del tiempo, mis colegas y yo interpretamos los colores de la bandera con su significado y llegamos a un acuerdo con todos los que presenciamos la magnitud del espíritu revolucionario. El blanco hasta el día de hoy representa las ansias de la patria y libertad, el rojo simboliza la sangre derramada por nuestros líderes revolucionarios y finalmente el azul significa libertad. Espero que la historia sirva de buen uso para el pueblo puertorriqueño y prenda nuevamente las ansias patrióticas ya que el destino de todo país es ser soberano y e independiente hasta el fin de su historia.
Aquella noche inolvidable fue y será digna de permanecer en la historia hasta la eternidad. Trató de una revolución puertorriqueña. Lo único que lamento fue el no poder participar directamente de ella, pero lo más que le doy gracias fue el poder ver cada detalle preciso e histórico y el poder contarlo a lo largo de las generaciones. Se trató de una noche el 23 de septiembre del 1868 en el cual el grito retumbó a lo largo de la ciudad.
Lo recuerdo todo en el más mínimo detalle. Ese día me comí un insecto y sólo con eso basté ya que el aire se volvía denso de vida y pasión. Sentí mimes en el estómago, ya que las mariposas son muy grandes para mí. Yo siendo chiquita y juguetona de por sí, recuerdo saltar de mata en mata hasta que me caí de como diez pies de altura y me desmayé del impacto. Cuando desperté ya había atardecido y sentí el cabalgar de los caballos y de los jornaleros valientes, luchando por su libertad y la de sus descendientes.
Rápidamente me escondí entre las matas para poder sobrevivir. Le resé a Dios: “Viva la raza puertorriqueña y la libertad.” Y así mismo como símbolo patriótico junté a mis colegas y solidariamente cantamos: “Co-quí, co-quí.” y sentimos la armonía poética correr por nuestras venas.
Los nuestros gritaron de felicidad y definitivamente sabían que iban por buen camino al rebelarse en contra de la madre tierra España y al unirse de su verdadera patria Puerto Rico. Los rebeldes parecían fieras defendiendo a sus hijos em contra de un enemigo superior, sin embargo, ni por un milisegundo se rendían.
Mientras cantábamos observábamos un fuego gigante en el medio de la plaza y cada cierto tiempo echaban unas libretas que se quemaban profusamente; las caras de felicidad radiaban la noche intensa.
Esa magnífica noche, cientos de hombres armados sólo con machetes declararon la república de Puerto Rico y formaron un gobierno provisional. Adoptaron como emblema la bandera diseñada por el Dr. Ramón Emeterio Betances y cosida por Mariana Bracetti. Al ver la bandera sentí un alivio eterno porque mi pueblo por fin después de tanto tiempo se pudo decir que logró algo. Me acuerdo como ahora, la bandera era grande y rectangular; de colores rojo encontrados en la parte de abajo de la bandera; blanco en forma de cruz entre el rojo y el azul y también encontrado en forma de estrella entre un cuadro azul; finalmente el azul en la parte de arriba de la bandera.
Al paso del tiempo, mis colegas y yo interpretamos los colores de la bandera con su significado y llegamos a un acuerdo con todos los que presenciamos la magnitud del espíritu revolucionario. El blanco hasta el día de hoy representa las ansias de la patria y libertad, el rojo simboliza la sangre derramada por nuestros líderes revolucionarios y finalmente el azul significa libertad.
Espero que la historia sirva de buen uso para el pueblo puertorriqueño y prenda nuevamente las ansias patrióticas ya que el destino de todo país es ser soberano y e independiente hasta el fin de su historia.