21 de enero de 1869 Mi nombre es Ana María Bracetti Cuevas, pero me pueden llamar Mariana. Escribo hoy para contarles sobre el acontecimiento más importante que ha ocurrido en la historia de nuestra isla. Hace un día, por una amnistía general, he recobrado mi libertad. Mi vida peligraba al estar expuesta a la enfermedad de vomito negro que ha sido la causa de la muerte de 80 compatriotas que participaron junto a mi lado en la revolución contra el régimen abusivo y tiránico español. Escribo hoy en memoria de mis amigos y de ese glorioso día del 23 de septiembre de 1868. Natural de Añasco soy. Allí conocí a Miguel Rojas, el amor de mi vida. Su hermano y mi cuñado, Manuel Rojas junto con Miguel fueron y son inspirados por el gran Ramón Emeterio Betances, líder del partido nacionalista. Ya todos estábamos hartos de soportar ver a los españoles quitarnos nuestros trabajos administrativos, de que ellos extraigan como lapas el dinero de nuestros bolsillos el cual hemos sudado por obtener para luego quedarnos sin nada, de pagar altos impuestos para no ver la mejoría y ver a mi gente ignorante y atascada en pobreza por la falta de educación de la isla, la cual es a propósito. Ellos nos quieren bobos, mansos y controlados. Ya no más! Don ramón fue exiliado por las autoridades coloniales, por un descuido hay que adelantar la fecha de nuestra marcha. Esta noticia afecto mucho a mi querido y a mi cuñado. Una noche, escucho unos murmullos, estos me despiertan y ni modo voy a ver que cual es la causa de tanto ruido. Cuando abro la puerta veo que una muchedumbre de hombres llegó a la hacienda. Estos hombres nombraron a Manuel comandante de la milicia de la isla. “esto realmente va a pasar” pensé, “es hora de aclamar justicia”. Tal y como me lo aconsejo Don Ramón, decidí junto a otras esposas de patriotas bordar una bandera. Me acuerdo que me nombraron un apodo muy humoroso, “brazo de oro”. La bandera tiene que ser perfecta, La cruz blanca va a representar las ansias de patria y liberatd que tenemos, el rojo simbolizando la sangre vertida por los héroes de la rebeldía y la estrella sobre el azul una seña de simple libertad. En la madrugada de 23 de septiembre, emprendimos el viaje a Lares con un ejército de alrededor de 800 hombres que se reunieron en nuestra hacienda "El Triunfo ", y Manuel procedió a tomar el pueblo de Lares. Corría la adrenalina por mis venas, este era el momento de implantar un cambio. Recuerdo ver salir el sol entre las montañas y pensando que hoy es un renacer. En la primera iglesia que vi al llegar a Lares, coloqué la bandera. ¡Cuántos han venido! Llegamos todos a la catedral a oír una corta misa. Luego, todo lo que se oía eran pisadas y voces que aclamaban libertad. Las fuerzas rebeldes partieron a hacerse cargo de la vecina ciudad de San Sebastián del Pepino, donde estaban las armas que necesitamos. En mi mente chocaban tantos pensamientos y emociones. Me veo andando por las calles gritando junto a muchos “Viva Puerto Rico libre”. El día no podría estar mejor…Espera, ¿qué es lo que pasa? Gritos resonaban por la calle. La milicia española nos está formando una fuerte resistencia. Veo la cara confusa de Manuel y mi esposo y empiezo a preocuparme. Multitudes corren, escapando de ser atrapados. Empiezo a correr desesperadamente pero un maldito oficial me coge por la cintura, tumbándome al suelo. Este aprieta mis muñecas trayéndolas a mi espalda y amarrándolas con unas sogas. Lágrimas de rabia se deslizan por mis mejillas. Hemos fallado. Junto a otros fui encarcelada en Arecibo y la insurrección fue rápidamente llevada a su fin. Por primera vez, hicimos temblar a los españoles y levantamos una voz de alerta. Estoy segura que este es solo el primer paso. Puedo imaginarme que voy a ver a mis hijos crecer en un Puerto Rico libre de opresión. Nos hizo falta Don Ramón en este intento pero para la próxima, seremos victoriosos. ¡Que viva Puerto Rico!
21 de enero de 1869Mi nombre es Ana María Bracetti Cuevas, pero me pueden llamar Mariana. Escribo hoy para contarles sobre el acontecimiento más importante que ha ocurrido en la historia de nuestra isla. Hace un día, por una amnistía general, he recobrado mi libertad. Mi vida peligraba al estar expuesta a la enfermedad de vomito negro que ha sido la causa de la muerte de 80 compatriotas que participaron junto a mi lado en la revolución contra el régimen abusivo y tiránico español. Escribo hoy en memoria de mis amigos y de ese glorioso día del 23 de septiembre de 1868.
Natural de Añasco soy. Allí conocí a Miguel Rojas, el amor de mi vida. Su hermano y mi cuñado, Manuel Rojas junto con Miguel fueron y son inspirados por el gran Ramón Emeterio Betances, líder del partido nacionalista. Ya todos estábamos hartos de soportar ver a los españoles quitarnos nuestros trabajos administrativos, de que ellos extraigan como lapas el dinero de nuestros bolsillos el cual hemos sudado por obtener para luego quedarnos sin nada, de pagar altos impuestos para no ver la mejoría y ver a mi gente ignorante y atascada en pobreza por la falta de educación de la isla, la cual es a propósito. Ellos nos quieren bobos, mansos y controlados. Ya no más! Don ramón fue exiliado por las autoridades coloniales, por un descuido hay que adelantar la fecha de nuestra marcha. Esta noticia afecto mucho a mi querido y a mi cuñado. Una noche, escucho unos murmullos, estos me despiertan y ni modo voy a ver que cual es la causa de tanto ruido. Cuando abro la puerta veo que una muchedumbre de hombres llegó a la hacienda. Estos hombres nombraron a Manuel comandante de la milicia de la isla. “esto realmente va a pasar” pensé, “es hora de aclamar justicia”. Tal y como me lo aconsejo Don Ramón, decidí junto a otras esposas de patriotas bordar una bandera. Me acuerdo que me nombraron un apodo muy humoroso, “brazo de oro”. La bandera tiene que ser perfecta, La cruz blanca va a representar las ansias de patria y liberatd que tenemos, el rojo simbolizando la sangre vertida por los héroes de la rebeldía y la estrella sobre el azul una seña de simple libertad.
En la madrugada de 23 de septiembre, emprendimos el viaje a Lares con un ejército de alrededor de 800 hombres que se reunieron en nuestra hacienda "El Triunfo ", y Manuel procedió a tomar el pueblo de Lares. Corría la adrenalina por mis venas, este era el momento de implantar un cambio. Recuerdo ver salir el sol entre las montañas y pensando que hoy es un renacer. En la primera iglesia que vi al llegar a Lares, coloqué la bandera. ¡Cuántos han venido! Llegamos todos a la catedral a oír una corta misa. Luego, todo lo que se oía eran pisadas y voces que aclamaban libertad. Las fuerzas rebeldes partieron a hacerse cargo de la vecina ciudad de San Sebastián del Pepino, donde estaban las armas que necesitamos. En mi mente chocaban tantos pensamientos y emociones. Me veo andando por las calles gritando junto a muchos “Viva Puerto Rico libre”. El día no podría estar mejor…Espera, ¿qué es lo que pasa? Gritos resonaban por la calle. La milicia española nos está formando una fuerte resistencia. Veo la cara confusa de Manuel y mi esposo y empiezo a preocuparme. Multitudes corren, escapando de ser atrapados. Empiezo a correr desesperadamente pero un maldito oficial me coge por la cintura, tumbándome al suelo. Este aprieta mis muñecas trayéndolas a mi espalda y amarrándolas con unas sogas. Lágrimas de rabia se deslizan por mis mejillas. Hemos fallado.
Junto a otros fui encarcelada en Arecibo y la insurrección fue rápidamente llevada a su fin. Por primera vez, hicimos temblar a los españoles y levantamos una voz de alerta. Estoy segura que este es solo el primer paso. Puedo imaginarme que voy a ver a mis hijos crecer en un Puerto Rico libre de opresión. Nos hizo falta Don Ramón en este intento pero para la próxima, seremos victoriosos. ¡Que viva Puerto Rico!